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Eso que te pasa es la literatura

“Eso que te pasa es la literatura”


Autor: Alejandro Castiglioni


Guión de corto // El extraño caso del Doctor Jekyll y el Sr. Hyde y la época victoriana.

(120 segundos)


Descripción: Lengua y literatura de 2do año, 24 alumnos. Transitamos el segundo trimestre, entre fines de agosto y principios de septiembre.

El profesor está frente a la puerta del aula a punto de ingresar y la cámara lo toma de espaldas con un plano americano, enmarcado él mismo por la puerta. La escena pasa rápidamente a enfocar su mano izquierda que sostiene una novela. Allí se puede leer el título: El extraño caso del Doctor Jekyll y el Señor Hyde.

Luego se yuxtaponen escenas con plano detalle de pasos estudiantiles, conversaciones y saludos propios de la entrada al colegio a las siete y media de la mañana, soleada y fría, y a continuación se ven mochilas que aún duermen y carpetas cerradas y pupitres que van ocupándose poco a poco. Y finalmente una toma general desde el fondo del aula muestra a los alumnos de espaldas también, ya sentados la mayoría, algunos acostados sobre el banco robándole a la clase dos o tres minutos de sueño, y otros mirando y charlando en dirección al pizarrón aún ausente. El profesor entra, saluda y se saludan todos, y la cámara lo sigue de espaldas en un plano secuencia que se corta cuando termina de escribir el título de la novela en el pizarrón y de dibujar una puerta con tiza blanca. Luego la cámara toma el momento en el que los alumnos sacan la novela, ya sea de debajo del estante del pupitre o de adentro de las mochilas. Al mismo tiempo, una voz empieza a leer las primeras líneas del primer capítulo, “La historia de la puerta”. Vale decir que aún no les hemos visto los rostros, ni al profesor ni a los alumnos. Tal vez aún estén escondidos, como Hyde, bajo los rituales de la escuela. ¿Podrán sortearlos o son esos rituales justamente los que hacen posible lo que pasará? Las imágenes que ahora toma la cámara son de las lapiceras somnolientas que copian ese título en las hojas de la carpeta. Entonces una alumna, cuyo rostro ahora vemos, dice de golpe: “mi tío dijo que no podía creer que en el colegio se sigan dando libros tan viejos.”

Pantalla en negro.

Lo que sigue es el título del corto, que aparece escrito con tiza: Eso que te pasa es la literatura.

30 segundos.

La voz que ha leído esas primeras líneas se pregunta mientras la cámara recorre los pasillos que han quedado vacíos después del timbre: ¿qué es una novela vieja? O, mejor dicho: ¿qué hace vieja a una novela? ¿La alumna realmente quiere saber por qué leerán ese libro o es una oportunidad para asentar un comentario que hará ruido en la clase, un comentario que trae una legitimidad otra y que de algún modo cierra las tapas de la novela? ¿O así lo vive el profesor, como una especie de amenaza a su práctica? ¿No es, justamente, eso que ella ha dicho algo imprescriptible, inalienable, de la literatura? ¿Por qué seguimos leyendo a Platón, a Goethe, a Woolf?

¿Cómo decir esto a los adolescentes y que lo comprendan?

Entonces la cámara busca por fin el rostro del profesor, que le contesta: “hay ciertos libros como éste que por lo que plantean y por cómo lo plantean están fuera del tiempo. Son libros universales porque abordan problemas o asuntos del ser humano que son eternos.” Y agrega: “me parece un comentario interesante y te digo ésto por ahora porque lo vamos a retomar más adelante. Pero te pido que me des la oportunidad de demostrártelo al final.” En la captura de su rostro está el desafío que tiene por delante.

Pero, ¿no es obvio lo que le ha dicho y, al mismo tiempo, una verdad difícil de explicar?

¿Alcanza con una explicación para entender eso que ha dicho?


60 segundos.

Empieza la lectura del primer capítulo en la voz del narrador. Al mismo tiempo se suceden breves escenas de explicación del profesor y manos levantadas y momentos de suma concentración, momentos de lectura en el aula. El narrador lee entonces la descripción de la puerta y de la fachada en la que “se advertía la huella de una sórdida y prolongada negligencia”. “¿Qué es negligencia?”, pregunta el profesor. “¿Qué nos dice esa fachada sobre lo que hay dentro? ¿qué se imaginan?” Las manos levantan voces que conjeturan, piensan e imaginan.

De pronto la cámara nos muestra la puerta que el profesor ha dibujado en el pizarrón. Es la puerta del laboratorio de Jekyll y de Hyde. Y pregunta:“¿cuál es la primera puerta de la novela, la puerta anterior a esta puerta? El libro, las tapas del libro, dice L enseguida.” Les pregunta entonces a los alumnos si están dispuestos a entrar, no solo a leer. Y abre muy lentamente, con esfuerzo, la puerta dibujada en el pizarrón. Detrás se ve la neblina de la Londres victoriana y sus calles oscuras y siniestras. Pero entrar no solo depende de ellos.

La lectura en voz alta como un acto gratuito, dice el narrador. La posibilidad de un viaje al pasado, pero no solo eso. La posibilidad de vivir nuestra condición humana, ahora mismo, de exponernos a ella a través de nuestra capacidad de ser lectores. También para el profesor si puede ponerse en ese lugar y bajar del estrado. Como lectores todos ellos, y transitando la lectura, tal vez sea posible hallar una respuesta para la alumna.

90 segundos.

Ahora el narrador de esta breve historia escolar se les aparece tras la puerta: es Stevenson. Su voz se encarna en la voz del profesor y en las voces de los alumnos. Es una voz propia y extraña, que los individualiza y los hace parte, al mismo tiempo, de una verdadera comunidad. Que les da la posibilidad de acercarse a la vida de seres tan desconocidos, de estar junto a ellos, de tenderles la mano. Que les da también la oportunidad de visitar recuerdos, descubrir intimidades y deseos ocultos, que son solo suyos.

El profesor y los alumnos pueden así entrar por fin al libro. Y en esa salida didáctica se detienen frente a la puerta de Hyde. La miran de cerca y de lejos, describen lo que ven, dibujan.

También toman fotografías que vuelven a mostrarla –la representan– aún más siniestra. Buscan así el encuadre preciso, el detalle y el plano general. “Profe, ¿para esto sirve el punto de vista, no?” Sí, le dice y no hace falta decir más nada. Luego miran las fotos que han sacado y leen lo que han escrito y conjeturan sobre lo que no se ve, sobre lo que está fuera del encuadre, sobre lo que la novela sugiere. O le inventan un mobiliario a la habitación que está dentro, o un rostro a Hyde. Luego ven a la chica en el piso que antes fue golpeada por el “monstruo deforme”, la vuelven a ver también porque el profesor y una alumna la representan. Señalan con el dedo la escena del cheque, la actitud hipócrita de los que rodean a Hyde. Luego se reúnen todos con Utterson que antes ha ido a preguntarle a Jekyll quién es Hyde. Son ahora detectives y quieren preguntar: “¿por qué Jekyll puso como heredero de su fortuna a Hyde? ¿Quién es Hyde y qué relación tiene con Jekyll? ¿Por qué Hyde produce tanto rechazo en los demás? ¿Por qué nadie lo conoce? ¿Por qué se esconde? ¿Para qué?”. Y de regreso a la puerta –fue un día largo pero de un cansancio benéfico– el profesor les cuenta la historia de la primera versión de la novela (su doble desconocido), y cómo reaccionó la mujer de Stevenson al leerla: ella sólo vio allí las crueldades y tentaciones abominables de Hyde y la quemó,viva. Pueden así empezar a comprender el alto precio que Jekyll ha tenido que pagar para ser Jekyll.

¿No pagan ustedes también un precio por pertenecer a algún lugar: la escuela, la familia, el grupo de amigos?, les pregunta.

Es la fantasía de una clase en la que la lectura es la protagonista y la cita que hacemos con nosotros mismos. También la única oportunidad de lograr, por un momento, que un viaje así suceda.

Así reflexiona el profesor mientras cierra la puerta y sale del aula y salen detrás de él los alumnos al recreo y la cámara se queda con ellos que ahora tienen rostros y risas y galletitas dulces.

Al fin y al cabo, todas estas obras literarias que perduran, más o menos viejas, más o menos largas –dice ahora la voz que ha narrado todo este corto y algunos fragmentos de la novela mientras la cámara sigue de frente al profesor que va en busca de un café– tratan sobre los mismo temas: el bien, el mal, la conciencia, la moral social, el deseo, la culpa, el ser humano. Tal vez sea éso lo que hay que lograr que los alumnos vivan, sin que la explicación acabe con la posibilidad de la experiencia.

Eso que dice Jorge Larrosa.

Ahora sonríe el profesor junto a su café. Sonríe no porque haya descubierto algo, sino por el recuerdo de una escena que se ha dado casi al final de la clase. Mientras los alumnos guardaban el libro e iban volviendo al mundo escolar, un alumno, desde el fondo del aula, dijo: “Profe, no sé qué me pasa con "tus" novelas. Siento que esto que leemos no tiene nada que ver con lo que me pasa a mí, ni con mi vida, pero tengo la sensación de que está a la vuelta de la esquina, de que ésto que pasa está a la vuelta de la esquina." Otro alumno agrega: "Sí, como con La madre de Ernesto (Castillo), o como con La hormiga (Denevi).”

Entonces le sonríe y le dice: Eso que te pasa es la literatura.

120 segundos.



Autor: Alejandro Castiglioni
Alejandro Castiglioni (1981) es licenciado y profesor en Letras por la UBA. Trabaja como docente de Lengua y Literatura en escuelas de educación media y como adscrito de la materia Didáctica General para los Profesorados en la Universidad de Buenos Aires. Anteriormente se ha desempeñado como bibliotecario, vendedor de libros, y como docente en bachilleratos populares para jóvenes y adultos. También coordina actualmente ciclos de cine, talleres de cine y literatura, y talleres de escritura para adolescentes con la posterior edición de antologías literarias.

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