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Etimología de "escuela"

Por Marcelo Crisafio

¿Sabe usted qué hacía Catón el Viejo cuando tenía tiempo libre? Tomaba su arado y se iba a trabajar en sus campos. Por supuesto que tenía esclavos para que hicieran esa tarea pero ocurre que la idea de “ocio”, para los romanos, era muy diferente de la que tenemos hoy. Es conocido que la palabra “negocio” proviene del latín nec + otium; esto es, el “no ocio”. El negocio es lo que un latino hace para comer, para ganarse la vida y no lo entiende como trabajo, por lo menos no en el sentido que le damos nosotros hoy. Laborare u operare (trabajar) es una tarea que conlleva un esfuerzo, que se hace porque es necesaria y útil y no implica necesariamente ganar dinero; e incluso se aprovecha el momento de ocio para hacer labores placenteras. Algunas de ellas pueden ser leer, practicar una actividad artística o -como Catón- dedicarse a la agricultura ya que, según él mismo lo expresa, “agricultura magistra vitae est” (la agricultura es maestra de vida). El momento de ocio era el que se aprovechaba para hacer una labor como estudiar y aprender por el placer que esto conlleva. Se utilizaba para cultivar el espíritu (del verbo colere, que está en la raíz de la palabra cultura), para construirse uno mismo, para ser lo que se es. Recuérdese el precepto latino nosce te ipse (conócete a ti mismo) como uno de los pilares de la sabiduría. Téngase en cuenta también que los romanos denominaban a la escuela primaria ludus, que significa “juego” y, más adelante por extensión, “experimentación” e “interpretación”.
Los griegos tenían una idea similar. El verbo σχολάζω (scholazo) significa “estar ocioso, desocupado, tener tiempo para hacer algo, estar libre de algo, descansar de una ocupación”; por extensión “dedicarse a, consagrar el tiempo a algo”. De allí el adjetivo σχολαιος (scholáios); “ocioso, lento, tranquilo, pacífico” y el sustantivo σχολη’ (scholé) que significa “tiempo libre, descanso, vacación, paz, tranquilidad, ocio” y más adelante, por extensión y aunque usted no lo crea, “estudio, escuela”, ya que eso (estudiar, aprender) es lo que se hace en el momento de la σχολη’ (scholé). El vocablo pasó al latín como schola ya con el significado de “lección”, “estudio”. Los romanos institucionalizaron la escuela y profesionalizaron la educación. Propagaron por Europa un tejido de escuelas municipales y gratuitas, tarea que los monjes medievales continuaron. Es así que el término escuela también se usa para designar a la Institución y al edificio o lugar donde se estudia.

Luego pasó al resto de las lenguas romances y a muchas no romances (ver Bonus track  5).
Paulatinamente esta idea de la escuela como el tiempo libre que se usa para cultivar el espíritu por el placer de hacerlo, como algo no necesario para vivir o sobrevivir sino para vivir bien -para ser- se fue perdiendo.
Cuando yo era estudiante del profesorado me inculcaron la idea de que la educación debía “servir para la vida”. Recuerdo que me dieron el ejemplo de que los alumnos que hacían bien todas las cuentas, tal como quería el profesor, después no sabían dar un vuelto, cosa que obviamente no es cierta como cualquiera puede comprobar a simple vista. Parece que la vida, en esta concepción, era trabajar. Otro concepto que me inculcaban era que la escuela de aquel entonces era aburrida, que esa era una de las razones por la que los alumnos no aprendían y que por lo tanto, para tener éxito, las clases debían ser divertidas. Recuerdo también que pregunté si con “divertidas” se referían a “placenteras” y me contestaron “No. ¡Divertidas!”. En la misma Institución que me decían estas cosas me enseñaban latín y griego y, en un momento, supe lo suficiente para ver la contradicción y la confusión que había en esa línea pedagógica. Esta Pedagogía que pretendía remontarse al pasado creando falsas etimologías (como las de educar y adolescente), no se remontó aún más al griego antiguo para conocer la verdadera etimología de escuela. Claro, todo el edificio teórico se les hubiera derrumbado. Sin embargo le concedo que, por lo menos intuitivamente, con la idea de diversión, estaban intentando rescatar aquel concepto del “placer de aprender”.
Por aquel entonces estaba de moda (aunque tenía más de una década) la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner que se traducía –por una muy mala comprensión de lo dicho por el pobre Gardner, a mi entender- en enseñarle al niño “sólo lo que le interesa”. Un poco arriesgado ¿no? Mi sobrino, a raíz de quedar maravillado con la película Jurasic Park, se la pasó de los 10 a los 14 años diciendo que iba a ser paleontólogo. Hoy es ingeniero en Computación. Menos mal que siguieron enseñándole las Ciencias Exactas.
No quiero parecer excesivamente crítico. Quiero comprender. No soy tan necio como para no darme cuenta que la escuela dejó de ser “el tiempo libre en el que se hace algo placentero” cuando se convirtió en Institución (del verbo latino instituere, establecer). O sea cuando pasó a ser en un sistema de valores y de conductas establecidos primero por costumbre y luego por ley. Y no puede ser de otro modo además. Ya Aristóteles había dicho que el hombre es un animal político y un animal simbólico y a la institución Escuela le caben los dos adjetivos. Así que en la época en que yo estudiaba, en medio de una enorme crisis política y económica -me recibí el 19 de diciembre de 2001 para que tengan una idea-, es lógico, o por lo menos esperable,  que la institución Escuela promoviera la idea de educar para el trabajo y de que no hubiera que enseñar el Mío Cid al apto para las Exactas ni logaritmos al apto para las Humanidades.
La sociedad creó la institución Escuela para que formara a la Sociedad y ninguna de las dos está conforme. Lo estuvieron por un tiempo pero ya no. Es lógico. Es el camino natural que sigue la relación entre Sociedad e Instituciones.
A pesar de que sigo escuchando frases como “lo que me enseñan/enseñaron en la escuela no me sirve/sirvió para nada”, sigo creyendo que es mejor seguir enviando allí a nuestros hijos que no hacerlo. Puede ser que la Escuela de hoy haga poco, pero algo hace.
Tal vez la etimología nos esté dando la idea de que, lo que hay que recuperar como Sociedad y como Institución, es el placer de aprender para poder divertirnos cuando salgamos de la escuela. Vaya paradoja.

Bonus track 1: La diversión es uno de los placeres de la vida pero tal vez no sea el mejor para aprender -por lo menos en la vida adulta y etimológicamente hablando- dado que proviene del latín divertere formado por el prefijo di- que indica separación y el verbo vertere, “dar la vuelta”. Por lo que divertere viene a ser “dar la vuelta completamente, para el lado opuesto, alejarse” y, por extensión, “entretenerse, recrearse”. Es lo contrario de cultivar el espíritu, donde uno debe dedicarse y concentrarse en uno mismo. De hecho en la escuela hay  un momento llamado “recreo” que es justamente, cuando no se enseña.
Bonus track 2: Aristóteles en su Política destaca la diferencia entre lo necesario y lo libre. A lo primero le corresponde el trabajo (ασχολία/ascholía) y el descanso (ανάπαυσις/anápausis) y al segundo el ocio (σχολή/scholé). Y los señala como inherentes al hombre. En esta concepción la escuela está en el ámbito de la libertad y no de lo necesario. Ups.
Bonus track 3: El idioma griego es rico en significaciones y matices. Por ejemplo tiene 4 palabras para decir “destino” y 4 palabras para decir “amor”, puesto que, como es sabido, hay diferentes tipos de destinos y de amores. Hasta donde yo sé también tiene 2 palabras para decir “descanso” (anápausis y scholé). La primera es lo que usted hace cuando se va a dormir después de un día de trabajo. La segunda es cuando detiene su actividad habitual como lo hace en las vacaciones.
Bonus track 4: El término lunfardo “escolazo” que se refiere al juego de azar, a la timba, proviene del dialecto calabrés que recibe una importante influencia del griego. Puede verse, tanto en la morfología como en el significado, la raíz de σχολη’ (scholé); ocio.
Bonus track 5: A partir del latín schola, la palabra se universalizó de la siguiente manera:
∙        En lenguas romances:
Castellano: escuela
Catalán: escola
Portugués: escola
Italiano: scuola
Rumano: scoala
Francés: école
Gallego: escola
∙        Y en lenguas no romances:
Inglés: school
Alemán: Schule
Polaco: szcola
Noruego: skole
Sueco: skolan
Islandés: skoli
Húngaro: iskola
Holandés: school
Euskera: eskola
Estonio: kool
Eslovaco: skolké
Danés: skole
Croata: Skola
Creole: lecól
Checo: skolni
Bosnio: skola
Albanés: Shkolle
Afrikaans: skool
∙        No sé transliterar del cirílico al latino pero también tienen la raíz de schola las palabras equivalentes en ruso, bielorruso y búlgaro, entre otros.


Marcelo Crisafio iba a estudiar Veterinaria pero se inscribió en el Profesorado de Castellano, Literatura y Latín para salvarse del CBC y porque le quedaba a dos cuadras de su casa. Fue duramente criticado por su familia por esta acción, porque consideraban que era una carrera sin futuro y -lo que es peor- sin sentido. Es un destacado ahorrador de energía por lo que enseña cuando no le queda otra y escribe sólo cuando algún amigo se lo pide. Cree saber más de Lengua que de Literatura pero escamotea ambos conocimientos porque es una especie de lobo estepario. Cualquier duda dirigirse a Jerónimo Spre.

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