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Los gatos también piensan, o crónica de un gato angustiado


Por Jerónimo Spre

Tengo tanto cagazo que tengo vergüenza de la imagen que estoy mostrando. Estoy vulnerable, me quiero bajar de este bondi de responsabilidades que me busqué como si tuviese alguna capacidad para enfrentarlas. Pues bien, no tengo ninguna capacidad. Hace bastante que pienso que sufro de algo, de algún trastorno, de alguna deficiencia que no me permite realizar cosas, que me paraliza hasta en lo más mínimo salvo levantarme, bañarme y cumplir. También pienso que tengo puesto un disfraz que ya no me puedo quitar porque no sé si debajo hay un cuerpo. Me siento totalmente indefenso pero al mismo tiempo me doy cuenta que no existe persona que pueda abrigarme, todo lo contrario, se espera que sea yo quien los abrigue. Tengo que decir que todo va a estar bien cuando siento todo el tiempo la sensación contraria, la de estar en peligro, la de poner en juego lo que tengo, mi construcción familiar, mi única morada, el factor de mi solidez, lo que logré con esto que soy, antes de que me asaltaran los miedos, o quizás conviviendo con ellos.

Ayer me dijeron algo tremendo: nadie tiene que estar mirando lo que hacés, vos estás en el lugar más alto del escalafón, ¿por qué tenés que sentirte observado por los otros? Nadie tiene que controlarte por lo cual no tiene sentido que te sientas controlado. Si no tenés nada para hacer… no hagas nada. Es mucho mejor que buscar la zona de confort de las ocupaciones que otros podrían hacer.

Y otra cosa: ¿Por qué tenés que responder? ¿Por qué no podés callarte? ¿Quién te dijo que siempre hay que responder?



Me están pateando bien en el culo. Lo peor es que no sé si me están haciendo bien o no, aunque se supone que si me patean el culo no es para nada bueno, además mi cuerpo y el tormento de esta angustia que siento parecería confirmarlo. Un cachetazo es un gesto violento que no parece ser bueno, aunque se utilice como símbolo de una sacudida necesaria. A esta altura de mi vida, con el cansancio por cumplir vaya a saber a qué persona que me imagino me está mirando, vengo a entender que nadie me mira y, lo que es peor, me quiero bajar pero no me dejan. Ahora bien, ¿qué quiere decir esto? ¿que otra vez bajarme no depende de mí? No puede ser. Subirme o bajarme depende de mí así como levantarme cada día depende de mí y nunca al menos hasta ahora decidí quedarme acostado. A esta altura de su vida, mi vieja ya estaba pensando en su propia muerte porque tenía un motivo de salud concreto. ¿Cuál es mi motivo? Crecer no debería ser un motivo para querer morir.

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