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Todos los posteos son para mí





Por Jerónimo Spre

El buscador de gracias de almagro, era un personaje inventado hace mucho tiempo por un amigo mío cuya capacidad residía en pararse largas horas junto a la parada de un colectivo y dejar pasar a la gente de la fila para obtener un "gracias".
Los actuales paradigmas hubiesen hecho que probablemente nuestro personaje no solo no recibiera agradecimientos, sino que tal vez hasta podría haber sido objeto de alguna falta de respeto o cuando menos de un mal gesto de transeunte deconstruido para el cual la otrora valorada caballerosidad haya pasado a ser un antiguo concepto perteneciente a lejanas épocas de sometimiento.
Sin embargo, patologías parecidas al personaje referido han ido apareciendo a partir del moderno concepto de redes sociales en donde se puede identificar facilmente al habitante histérico que postea una foto con un epígrafe que busca seducir a sus seguidores quienes, aún a sabiendas de que así es el juego, aceptarán ser seducidos y emitirán furibundos "likes" en algún caso reforzados por algún incómodo elogio expresado por escrito.
Hasta ahí todo parecería parte de un juego normal (¿normal?), pero ¿qué pasaría si se creyera que cada foto con epígrafe está definitivamente dirigida a uno, quien ahora debería reconocerse como esa persona que está mirando cual voyeur parapetado detrás del celular pero también entendiendo que en la actitud de quien postea hay una provocación en formato de declaración a decenas de seguidores? No estoy hablando de un pensamiento psicopático (o quizás no me atrevo a admitirlo), hablo de un efecto aparentemente inofensivo en el que puede ser que una persona cercana en el campo real (y muy bien diferenciado del virtual) como producto de un intercambio privado, postee una foto mirando a la cámara que diga algo impersonal y entonces uno sienta algo que lo atraviesa con la absoluta convicción de que dicho posteo apunta directamente en forma personal.
En este caso se supone que la resolución es tan fácil como preguntarle a la persona: "Eso era para mí?". Ahora bien, si la respuesta fuera "sí" (altamente improbable) ¿se puede considerar un acto que esconde vergüenza el hecho de preferir exponer una foto en clave ante cientos de seguidores en lugar de decirle a la propia persona lo que se pretendía comunicar?¿El problema psicopático es entonces del protagonista del posteo?¿Qué pasaría si hay más de un "voyeur" y todos deciden resolver la cuestión de la misma manera?
¿Y si por el contrario la respuesta de quien efectuó el consabido posteo es "No"? ¿Tiene sentido exponerse al ridículo? ¿Se superan las consecuencias o es mejor el sufrimiento que atrae la incertidumbre?
La Rosa Púrpura del Cairo era una vieja película de Woody Allen  en la cual el galán protagonista se salía del diálogo cinematográfico marcado por el guión porque era cautivado por la inocente belleza de Mía Farrow quien contemplaba el film desde la butaca, acto seguido el actor salía de la pantalla para declararle a Mía su amor y comenzar allí mismo una hermosa historia.
Dado que desde este espacio no se pretende sugerir respuesta ni estrategia alguna que seguir, el deseo del autor es que todos nosotros los millones de ilusos tomados por la patología de que todo posteo se dirige a nuestra persona, seamos al menos aunque sea una vez tomados de la mano por aquella persona deseada en silencio cuando la misma se decida a saltar de la pantalla y pasemos a vivir a partir de allí en un mundo lleno de caricias reales.

Autor: Jerónimo Spre, enigmático personaje marplatense cuyo principal argumento para escribir es la duda y su capacidad radica en llevarla a textos igualmente dudosos. La siguiente foto lo muestra en contacto con conocidos intelectuales.

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